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domingo, 10 de julio de 2011

Llegaron a Locura

Durante toda mi vida he recorrido muchos caminos, y nunca he temido dar un sólo paso por ellos. Me gustaba iniciarlos, explorarlos y, si me era posible, llegar al final. Aunque lo bonito siempre será el trayecto, el viaje en sí.

Sin embargo, hay un camino que he pisado varias veces y que me impone cierto respeto. De alguna u otra forma, he acabado cayendo en él. Y también, de alguna u otra forma, he terminado saliendo de él. No es que me importe el destino, a priori. Es el recorrido lo que me asusta de algún modo.

Quizá no haya nada malo en estar allí. Pero darse cuenta de que uno va cayendo, de que avanza inexorablemente hacia un destino que desconoce; porque, ¿acaso hay alguien que la conozca, que la haya vivido y haya regresado? Y todo el mundo sabe del miedo a lo desconocido.




¿Por qué tienes mideo? Ya has estado allí, y sabes cómo volver.

¿Realmente he estado allí? ¿He vuelto, o simplemente, nunca he llegado y sigo perdido en el camino? En esa delgada línea roja...

Déjate llevar, no lo pienses. Si dudas, será peor.

¡Déjame en paz! ¡Cállate! ¡Sal de mi!

¿Que te deje en paz? ¿Que salga de ti? ¿Te has parado ha pensar que quizá seas tú el que tenga que salir de mí?

Quizá la locura personal sea una especie de cura, una bendición; una forma de evadirse de la locura general, colectiva, que aqueja al mundo hoy día. Pero eso vosotros dos no lo sabéis; o no sois conscientes de ello.

miércoles, 13 de abril de 2011

Yo voy soñando caminos

Recupero un proyecto que realicé hace algo más de un año. Se trataba de contar una historia usando fotografías. Yo escogí este poema de Machado e intenté narrarlo con una serie de fotografías. No sé si lo conseguí o no. En cualquier caso, aquí os dejo el poema y las dos "versiones fotográficas" que hice.

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.

Antonio Machado