lunes, 7 de mayo de 2018

Microrrelato

3º Premio
IV Concurso de Microrrelatos Improvisados Ciudad de Almería
[Sin título]

La tarde de primavera estaba llena de promesas de fecundidad. Promesas que no llegaron a cumplirse.

Se presentó allí con la esperanza de crear algo. No tenía ninguna esperanza en  ganar... No por pesimismo, sino por pasotismo, quizá.

Llevaba tiempo sin inspiración. Toda la creatividad que alguna vez hubiera tenido se había alejado de él, lo había abandonado, dejando mustios sus pensamientos.

Ya no hacía las típicas  figurillas de origami que tanto le gustaban a sus amigos. No es que no intentara alguna nueva; ni siquiera rehacía las que ya conocía de memoria, por el simple hecho de crear algo con sus manos, como hiciera antaño.

Tampoco devoraba historias, tantas noches en vela a la luz de un foco o una linterna. Apenas leía unas cuantas páginas y abandonaba el libro sin acabarlo. Hecho insoportable para él tiempo atrás. Si acaso, unos pocos poemas sueltos que germinaban algún que otro kaiku. Nada importante.

Incluso había dejado de "jugar" en la cocina, por así decir. Otra de sus grandes pasiones aparcada, hecho que molestaba a sus amisgos más que el tema de las figuritas de papel.

Así que minutos antes del evento regó sus pensamientos con un poco de música inspiradora, con la intención de atraer a las musas. Pero las musas no se presentaron. Bajó las escaleras, se sentó, cogió su bolígrafo y se enfrentó a la hoja de papel en blanco. Y, simplemente, las palabras no afloraron a su mente.

El relato quedón nonato, cual pollo atrapado en su cascarón.

Autor: José María García Rubira



jueves, 2 de noviembre de 2017

Veces, cosas, personas

A veces me suceden cosas que no entiendo. Cosas que escapan a toda razón o lógica. Cosas que soy incapaz de comprender por qué  y cómo han ocurrido. Cosas que me hacen dudar y cuestionarme mis creencias. O la falta de ellas.

Siempre me he sentido protegido, aislado de todo lo malo. Por así decir, "demasiado afortunado". Como si hubiera una buena estrella que me cuidase y me guiase en el camino.
Por que, a lo largo de mi vida, me han pasado cosas que no tienen explicación alguna. Golpes de buena suerte, accidentes soslayados milagrosamente,... Bendito azar. O no. De pequeño decía que mi abuelo se había muerto para ser mi ángel de la guarda. Ahora no lo creo. Pero a veces lo pienso. Y lo siento.

Hay otras veces en las que conozco a personas que, por alguna extraña razón, me reconfortan. Gente que me hace sentir tranquilo, feliz, tan solo con su presencia. No necesariamente física. Gente que, sin motivo aparente, consigue sacarme una sonrisa. A pesar de todos mis pesares. Con un simple gesto, una mirada... Un beso, un abrazo... Son familia. Que yo elijo. Son personas a las que, simplemente, quiero.

Y hay también veces en las que esa gente se siente a gusto conmigo. Gente que me tiene mucho cariño. Personas a las que yo, sin que llegue a entender por qué, consuelo. Sin hacer nada, o haciendo mucho sin saberlo, de alguna manera les aporto algún bien. Y me eligen a mí para que forme parte de sus vidas.

A todas esas cosas y, sobre todo, a todas esas personas, sólamente les puedo decir una cosa.

Gracias por pasarme.

Seosamh

domingo, 18 de junio de 2017

Ciclos

La historia es cíclica. Y la mía, como tal, también lo es. Me he pasado el verano teniendo 'premoniciones', por llamarlo de alguna manera.

Empecé mi labor como docente en el curso 2011/12 en Morón de la Frontera. En aquella ocasión tuve el turno partido entre el diurno y el nocturno. Es más, en  el nocturno daba clases de 1º de Bachillerato semipresencial, utilizando la plataforma Moodle. Como ahora, en el presente curso 2016/17. Entre medias, pasé dos de los mejores años de mi vida en Córdoba, impartiendo clases en dos institutos ubicados en barrios conflictivos, donde lo importante no era la labor académica, sino humana y social. Trabajé en la misma ciudad, en el mismo barrio. Viví en la misma casa.

Y este curso tocaba cerrar el cuarteto. Lo veía venir. Lo ví venir. Y así ha sido. Este año me tocaba salir de Córdoba, irme mucho más lejos. A otra ciudad de la Frontera. Y trabajar de noche. Empezar de nuevo. Partir de cero. Y, aunque no creo en estas cosas, lo supe.

(Chiclana de la Frontera, en algún momento de finales de 2016)

domingo, 21 de mayo de 2017

Abuela


Hay una cosa que siempre le deberé a mi abuela materna. Seguramente le deba muchas más, pero esta es la más importante. Al menos eso creo ahora, tal y como se ha desarrollado mi vida posteriormente.

Yo tendría unos catorce años, era  mi primer año en Almería; primero de BUP. Tenía quinientas pesetas y me "arreglé" para ir al cine. No recuerdo la película. Quería verla, pero nadie quería venir conmigo. Total, que yo, un niño de pueblo que no había salido de Tabernas prácticamente, me armé de valor y salí a la calle. Pero no llegué a salir. Conforme abría la puerta, hice una pausa, la cerré y me volví. Me sentí en mi cama y mi abuela pasó. 

- ¿No ibas al cine? 
- Ya, pero... No sé...
- No seas tonto, ve y disfruta. Cuando te gastes esas quinientas pesetas ya pensarás cómo conseguir otras. No hagas como tu abuelo, toda la vida ahorrando para disfrutar en la vejez y ahora él enterrado y el dinero en el banco. 

O algo así. Creo que ahí empezó a forjarse maldito fiestero. Una semilla que floreció más tarde gracias a algunos de vosotros. Ya sabéis quiénes sois, gracias por regarme.

Hay que ver lo que hace la perspectiva. A posteriori somos unos putos amos.

 (Jerez de la Frontera, 19/05/17)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Alguien


Todo el mundo tenía alguien con quien desahogarse. Alguien con quien ahogar las penas. No necesariamente en alcohol. Él era ese alguien. Para todos ellos. Siempre. Y se estaba ahogando.

Sabes que no puedes seguir así. Necesitas alejarte. De todo. De todos. Y lo haces. Te refugias en tu soledad. Sólo así pudes sobrevivir, y lo sabes.

Pero ya será tarde. Me habré acostumbrado a la compañía. Ya no sabré estar solo. Ya no podré estar sólo. Necesitaré de los demás. Necesitaré de vosotros. Necesitaré a alguien.

Me necesito a mí. Y no sé dónde estoy.


miércoles, 5 de abril de 2017

Un silencio cómodo

Siempre he pensado que mi bien más preciado es mi tiempo. Pero últimamente estoy (re)descubriendo otro. Quizá porque me está faltando. Y no sé a qué nivel situarlo. ¿A continuación del tiempo? ¿Al mismo nivel? Depende del momento, las circunstancias...

Ese bien es el silencio. No hay mayor placer que poder compartir un momento de silencio. Gastar... derrochar mi tiempo, en silencio, con alguien. Sin necesidad de palabras; sólo miradas, gestos... si acaso. Un silencio cómodo. 



¿Es pedir demasiado? Puede ser que sí. Pero yo lo he tenido. Antes lo tenía. Había alguien con quién podía callar horas y horas. Y era feliz, y estaba tranquilo. Necesito encontrar alguien así. Espero encontrar alguien así.

jueves, 23 de marzo de 2017

Musas 2.0

Están volviendo. 
Las noto, revoloteando a mi alrededor. 
Llevaban tiempo perdidas. 
Me habían dejado sólo.
Abandonado. 
Así me siento sin ellas. 

O no. 
Quizá era simplemente que yo no las veía.
Obnubilado. 
Por otras.
Esas que no te dejan ver con su brillo. 
Encandilado y ciego a la verdadera belleza. 

Pero ahora ya no importa. 
Porque ellas están volviendo. 
Estoy volviendo a sentirlas. 
Bienvenidas seáis. 
O gracias por haber seguido ahí. 

Están volviendo.
Estoy volviendo.