jueves, 24 de enero de 2013

Juguete roto

Había ciertos momentos en los que se sentía así. Olvidado en un rincón, acumunando polvo. Esperando, esperanzado, que alguien se acordara de él. Para poder sentirse vivo otra vez. Aún sabiendo que lo volverían a dejar de lado. Una y otra vez.

Porque algo le decía que ya se había cruzado con aquella piedra en el camino otras veces. Llámalo dèjá vu. Pero él quería darse otra oportunidad. A sí mismo. Una más. La penúltima. Queriendo creer que esa vez no será igual. Que todo irá bien. Deseándolo. A pesar de todo.

Y entonces volvían su insomnio y su inestabilidad emocional. Dormía no más de un par de horas a la semana. No podía dejar de pensar. Su cuerpo estaba agotado y, sin embargo, su mente seguía y seguía.

En aquellos momentos era poseedor de una sensibilidad a flor de piel y un genio creativo y melancólico. Presa del tormento interior, el romanticismo enmudecido por la no aceptación. Y de manera irreflexiva, totalmente irracional, permite que el corazón vuelva a triunfar sobre su instinto.

Y es ahí, en ese preciso instante de debilidad (¿o fortaleza?) cuando se desencadena todo. Es el principio del fin. Un fín que ha sido su principio.





lunes, 21 de enero de 2013

Shut up

Please, shut up. Quit talking to me. I'm tired. I don't need you right now... at least, for a while. You are always telling me what to do... don't do that... you should have done... next you must do... non-stop...

You're driving me crazy. Please, stop screwing me up. Please, leave me alone.


miércoles, 16 de enero de 2013

Lo que la luna esconde

La luna es un satélite y, según el diccionario de la RAE, este no es más que un cuerpo celeste opaco que sólo brilla por la luz refleja del Sol. Sin embargo, una estrella es un cuerpo celestial que brilla con luz propia.
Las ausencias nos muestran presencias que, de otro modo, no tendríamos presentes.
Al igual que la luna impide ver las estrellas. 

Nadie duda de la belleza de la luna; cualquier luna. Podríamos decir mejor casi nadie, para evitar las odiosas generalizaciones. Cuando ella está presente, atrae todas las miradas. Casi. Aunque sólo se muestre fugazmente. Legiones de admiradores devorándola, intentando seducirla con sus versos,...

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la luna se ausenta? Pues que algunos nos damos cuenta de que ahí hay otras luces tan especiales, sino más. Porque, ¿habéis podido disfrutar de un cielo completamente plagado de estrellas, sin luna que las oculte?

Yo sí y hoy me he dado cuenta.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Improvisando (que es gerundio)

No soy un buen estratega. No, trazar planes no es lo mío. Para ello, hay que ser frío y calculador; demasiado racional para mi gusto. En cambio, yo soy más impulsivo, más visceral. Prefiero improvisar. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro está. Pero no los voy a enumerar aquí.

Lo más importante, es que cuando algo sale bien, porque el azar así lo dispone, lo disfruto como nadie. Porque, si te llega algo esperado, ¿a que no sabe igual?


Perdido


He perdido mi buena estrella y, con ella, el norte... 
y el sur, el este y el oeste.

He perdido la ilusión, la cabeza y el corazón.

He perdido todos los trenes que el azar trajo a mis andenes. 

He perdido...


sábado, 8 de diciembre de 2012

Solo

Hay mucha gente que piensa que soy un bicho raro. Y sólo porque hago cosas sólo. Cosas como salir de fiesta, ir al cine, conciertos,... Bueno, no sólo por eso; pero es de lo que voy a hablar aquí.

No siempre he sido así, pero llevo más de media vida haciéndolo. Y no por decisión propia. No es que yo quiera hacer las cosas solo, si no que las circunstancias me obligan a ello.
En realidad, sí que me apetece estar solo, y hacer cosas sólo; al menos, algunas de ellas, en ciertos momentos. Y luego está la costumbre; cuando repites algo tantas veces, durante tanto tiempo...

¿Y qué voy a hacer si no? Dejar de ver una peli que quiero ver, quedarme tirado en casa,... ¿Que es triste? Puede que sí. Pero, sinceramente, me parece que es más triste quedarse en casa perdiéndose la vida por no tener a nadie con quien compartirla... nadie que quiera compartirla contigo en este momento.

El caso es que sé estar solo. No necesito a nadie... o debería decir que no dependo de nadie. Lo cual puede crear confusión con mi fidelidad a la vista de muchos. Sin embargo, pienso que ésta está fuera de toda duda. Aunque no soy yo quién para opinar al respecto, al menos objetivamente. Pero, ¿quién lo es?

No soy yo el que llama a la gente por conveniencia, sólo cuando la necesito. No soy yo el que ahogo las penas, lloro sobre el hombro, me desahogo y me largo, hasta la próxima. No soy el que pretende chasquear los dedos y que los demás aparezcan, siempre disponibles. No, ese no soy yo

Es más, soy precisamente todo lo contrario. Porque  he aprendido a ser así. Me he visto obligado a serlo. Y me alegro.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Cuando apenas llevaba unos meses en Almería, me atracaron. Ahora lo recuerdo casi con cariño, en tanto en cuanto me enseñó sobre la condición humana.

Por aquel entonces solía salir por las tardes a dar una vuelta sólo. Aún no había hecho amigos y mi único plan consistía en pasar el tiempo mirando libros que no podía comprar en las librerías Cajal y Picasso. Las dependientas ya me conocían y me sonreían sin molestarse en preguntarme.

Todo sucedió muy deprisa, aunque aquel momento me pareciese eterno. Alguien me echó el brazo por encima del hombro. En principio pensé que sería algún compañero del instituto o algún otro conocido; pero en cuanto hice el amago de girarme para saludar, recibí la primera amenaza, acompañada de un apretón alrededor del cuello. "Sigue andando, no me mires. Como me mires te rajo". Paramos cerca de un árbol, ya en el Paseo, donde me obligó a darle todo lo que llevara: ni cincuenta pesetas en mi por entonces maltrecha cartera. Cuando se convenció de que no llevaba más, me ordenó ir paseo arriba sin volver la vista atrás, "o te reviento".

Lo que más me sorprendió fue que la escena se desarrolló en pleno Paseo de Almería, a la luz del día, y no en un callejón en la oscuridad de la noche. Como he mencionado, junto a un árbol, haciendo esquina con Navarro Rodrigo. Y nadie se acercó a ayudar a aquel pobre muchacho pueblerino que era entonces.

Ni que decir tiene que tardé en volver a salir a la calle sólo. Quién lo diría...