viernes, 11 de mayo de 2012

Paciencia

Una vez leí un relato en un libro de texto del colegio. Era un libro de lengua, creo recordar. En él había un texto al final de cada tema. Me gustaba leer esos textos, aunque no lo mandase el profesor. Siempre leía todo lo que podía nada más comprar los libros del cole; antes incluso de ir al cole. Cuando comprábamos los libros estaba deseando llegar a casa y pasar la tarde leyéndolos. Los devoraba. Pasar las hojas, el olor a nuevo,… Como casi todo lo que caía en mis manos.

Bueno, a lo que iba. El texto en cuestión narraba las reflexiones de un barrendero. En resumen, venía a decir lo siguiente. El barrendero, cada mañana, al comenzar su trabajo, se encontraba al principio de una calle. Y tenía dos maneras de enfrentarse a ella: mirar al final de la calle y pensar lo mucho que le quedaba por terminar; o bien, mirar al primer árbol, y luego al siguiente,…. Es decir, dividir la tarea en pequeñas partes, para no agobiarse. Y esta opción era la que escogía nuestro protagonista.
Este texto me enseñó algo (como casi todo en la vida), si bien no fui consciente hasta más tarde. Y desde entonces, cada vez que me encuentro en una situación, o con una tarea que parece interminable, adopto la filosofía del barrendero.

Como aquel día de reyes, frío y lluvioso, podando parras empapado hasta los huesos. Cuando creía que ya no podía más, que aquello no acabaría nunca, recordé al barrendero y pensé: “cuando todo esto acabe (porque acabará, como todo en la vida), lo recordaré como una anécdota del pasado, calentito en casa; algo muy lejano en el tiempo. “ Entonces me tranquilicé y miré al siguiente árbol.

¿Fin?


No existen los finales felices. Ni tampoco los tristes. Pero eso es porque no existen finales, ni principios. Si acaso, el único final es la muerte*. Y su suerte es relativa.

Por tanto, no tiene sentido acotar una vida con un final. Hay una constante renovación. Cada momento que parece un final es simplemente un nuevo comienzo: el de una etapa más en el camino.

*Y eso para cada historia particular; una simple reseña en el gran libro de la Historia. Y también, si acaso, sólo existe un principio; llamémosle Big Bang.

Almería-Sevillla Santa Justa (01-11-11)

miércoles, 9 de mayo de 2012

Principios

En cierta ocasión actué en contra de mis principios. Influido por la sociedad, por la gente que me rodeaba, por las circunstancias que fueran, por aquel entonces dejé de ser yo mismo y empecé a comportarme como alguien a quien no conocía.
Podría haberme ido bien, y entonces, quizá, ahora seguiría actuando de aquella manera. Pero, afortunadamente, me fue mal.

Desde entonces sigo esta máxima: estos son mis principios, y si no te gustan, lo siento, no los cambio.

lunes, 7 de mayo de 2012

Microrrelato austeriano

Te encuentras sentado frente al papel en blanco, pensando qué vas a escribir. No se te ocurre ninguna idea; ni siquiera tienes decidido qué tema vas a tratar. Y, de repente, como siempre, surge la chispa y te pones a escribir como un poseso. Las palabras fluyen a borbotones en tu cabeza, hasta acabar en este.


jueves, 3 de mayo de 2012

La piedra de la paciencia


Metro de Madrid. Una chica llega y se apoya al lado del banco en el que te encuentras. Una chica guapa que lee. No demasiado, sin llamar la atención. Salvo la tuya. Una belleza sobria. Alcanzas a ver el título del libro: “La piedra de la paciencia”. El autor lo olvidas en cuanto lo lees, por impronunciable. Lo anotas en tu móvil y ella ve lo que haces. Baja la mirada tímidamente, sus mejillas se colorean. Asoma una ligera sonrisa. Al cabo se sienta a tu lado y juguetea con sus piececitos cerca de los tuyos. Al llegar el tren, dejas que entre delante de ti. Su pelo recogido te permite ver su cuello. Te has enamorado.

lunes, 23 de abril de 2012

Otro velefiqueño en mi memoria

 
Meditabundo. Callado. ¿Instrospectivo? 
La boina calada y bastón en ristre, o sentado a la mesa camilla.

Vencer el “miedo” por ir a verte. Después, tu sonrisa disipa todas las dudas.

“Hay enfermedades que no deberían existir”. Ojos húmedos; recuerdos, cariño, tristeza. Los hombres también lloran. Sentir respeto, sin saber siquiera lo que es aún.

No hay mucho más. Pocas vivencias de las que echar mano, pero también me acuerdo de ti, abuelito Frasco.


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viernes, 13 de abril de 2012

Tengo tantas cosas que decirte...


Tengo tantas cosas que decirte... Siéntate, deja que te mire…

Llamaste mi atención, y desde entonces no me quiero perderme nada tuyo. Trato de mantener mis ojos en ti cada vez que entras en la sala; me pones alerta, nervioso. En cada línea que leo, en cada verso, estás pegada a mí. Y sigo mirando, esperando, anticipando cualquier movimiento.

Porque estás en mi cabeza. Aquellos que no pueden sentir ni ver lo que yo… esos piensan que estoy loco. Y es posible que lo esté. Porque vivo en mi mundo, mi propio mundo.

Lo único cierto es que tú has robado mi corazón, y eso duele de verdad. Has robado mi alma, y ese es un dolor que no puedo soportar.

Imaginándote conmigo… esos serán los mejores recuerdos.